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Juan del Enzina (La Encina, Salamanca, 1469 – Salamanca, 1530).

Discípulo del famoso humanista Antonio de Nebrija en la Universidad. Posteriormente, fue protegido por el Canciller de dicha universidad, Don Gutierre de Toledo, hermano del Duque de Alba.

Entró al servicio del primer Duque de Alba, Don Fadrique Alvarez De Toledo, a quien dedicó sus célebres Églogas. Alvarez De Toledo, correspondiéndole, le dio el cargo de poeta y músico de su Corte. Gracias a estas circunstancias las primeras obras de Juan del Enzina se representaron en 1492 en los salones del Duque de Alba.

Aunque Encina debió tener una privilegiada posición en la citada corte ducal, quizá fastidiado de la vida monótona que llevaba en el palacio de Alba, se dirigió a Madrid, donde aparece en 1496. Parece que, más tarde, vivió en Granada, por los tiempos en que los «Reyes Católicos» plantaron su pendón en las torres de la Alhambra.

Sin embargo, Italia era la escuela a la que aspiraban los músicos del Renacimiento español. Y hacia los comienzos del siglo XVI encontramos al andariego maestro en la Ciudad Eterna, donde gozó del favor papal, y en 1519, habiendo recibido el orden sacerdotal, peregrinó a Tierra Santa.

A su vuelta se instaló definitivamente en España, adscrito como capellán a la catedral de León desde 1523. Su obra musical, de la que se han conservado 68 piezas, se encuentra reunida en el Cancionero musical de Barberini (1890). El Cancionero (Salamanca, 1496) está formado por sus composiciones juveniles, de tono popular, y lo precede un tratado, Arte de la poesía castellana, a la manera de la poética trovadoresca, que anuncia ya la preceptiva renacentista.

Como dramaturgo, Encina se sitúa a caballo del teatro medieval y el renacentista. En las quince églogas que de él se conservan, se percibe el tránsito de un inicial marco medieval en la concepción de las representaciones pastoriles a una nueva perspectiva renacentista y pagana, que coincide con su estancia en Roma, en obras como la Égloga de Fileno, Zambardo y Cardonio, escrita en octavas de arte mayor, la Égloga de Cristino y Febea o la Égloga de Plácida y Victoriano, en las que trata el amor, de tipo erótico, de forma trágica y relacionado con la intervención de dioses paganos.

Falleció en Salamanca en 1530.

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