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Pedro de Tapia O.P. (n. Villoria, Salamanca el 16 de marzo de 1582, m. 25 de agosto de 1657), obispo.

Estudió artes en la Universidad de Salamanca hasta 1598, cuando ingresó en el convento de Dominicos, donde recibió los hábitos en 1601.

Dio clases de filosofía en 1607 con tanta eficacia que 16 de sus alumnos fueron notables científicos. No olvidar que en esa época las ciencias y las letras estaban muy conectadas, incluyendo la teología.

Desde 1616 fue regente de varios conventos tales como Plasencia, Segovia y Toledo, donde consiguió la titulación de doctor.

Fue a Alcalá y adquirió el nombramiento de catedrático en 1623 y ascendido a prima en 1630.

Fueron muy renombradas sus lecciones y enseñanzas, hasta adquirir fama nacional y reconocimiento de la casa real.

Fue nombrado obispo de Segovia y luego de Sigüenza, favoreciendo las artes para decoración de iglesias y conventos, ejemplo de los cuales es la financiación de la reja de la catedral de Sigüenza.

En tiempos de Felipe IV surgió un conflicto porque las diputaciones aragonesas se negaron a pagar los costes de la guerra contra Francia. Pedro de Tapia fue encargado de la mediación, que efectuó con éxito.

Cuando el Conde-duque de Olivares solicitó su ayuda financiera, ofreció toda la plata excedente en su iglesia, con la condición de que los nobles hicieran lo mismo.

Trasladado a Córdoba por problemas de salud, dirigió la diócesis en medio de la peste, ayudando grandemente, según los cronistas de la época. Uno de sus mayores logros fue conseguir que los habitantes más ricos contribuyeran a la ayuda.

Fue sustituido por Diego Fernández de Córdoba exhausto por las vicisitudes y la animadversión de los elementos pudientes de la población.

De ahí fue nombrado arzobispo de Sevilla en 1653 donde fundó el hospicio y se encargó de depurar a los clérigos malhechores.

Su episodio más famoso lo protagonizó cuando el Consejo pretendió cobrar unos impuestos sin que la Iglesia pudiera negociarlos. Por ello excomulgó nominatim a los cobradores, ganando el caso y recibiendo el apodo de Azote de las regalías.

Este esfuerzo mermó su salud y acabó falleciendo en corto tiempo.

Su amigo en Duque de Medinaceli se hizo cargo de que perdurase su memoria pero lamentablemente se han perdido casi todos sus escritos, excepto el Cathena moralis doctrinae.

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