Historia de Salamanca

Salamanca, en su larga trayectoria histórica, ha sido protagonista de los hechos más significativos de la historia de España. Restos prerromanos encontramos en el Teso de San Vicente, junto al Tormes, en el verraco situado en el centro del Puente Romano, en las Murallas, en numerosas inscripciones y en el itinerario de la Calzada de la Plata que, pasando por Salamanca, unía a Mérida con Astorga. Salmántica perteneció a la provincia de Lusitania, fue sitiada por Aníbal y pocas noticias conocemos de la época visigoda. Desde el tercer Concilio de Toledo encontramos participando en sus decisiones a los obispos de esta ciudad.

Conquistada por los árabes, perdida y recuperada varias veces por los cristianos y asegurada ya definitivamente la Reconquista por el gran rey europeizante Alfonso VI, encargó la colonización de esta parte del reino a su yerno, el conde Raimundo de Borgoña, casado con su primogénita Doña Urraca, en 1096, y le otorgó el primer fuero.

Alfonso IX fundó el Estudio General en 1200. Debe, pues, a aquel rey, Salamanca, su nombradía y prosperidad. La nueva Universidad mereció pronto grandes mercedes de Fernando el Santo y de Alfonso X el Sabio. Este monarca fija las dotaciones de catedráticos de la Universidad y en 1254 el Papa Alejandro IV confirma y llama a la Universidad de Salamanca “una de las cuatro lumbreras del mundo”.

Época de agitación fue en Salamanca, como en el resto de España, el siglo XV. Las luchas entre los partidarios de D. Alvaro de Luna y de los infantes de Aragón eran enconadas. Pero los combates, más violentos que dividieron la ciudad en dos bandos enemigos se acentuaron por un trágico suceso acaecido en 1465. Dos hermanos de la familia de los Manzano mataron a otros dos de la familia Enriquez, de Sevilla, por un incidente del juego de pelota. Cuándo su madre, Doña María Rodríguez de Monroy -llamada después Doña María la Brava- vio los cadáveres de sus hijos, salió silenciosa en persecución de los asesinos. Los encontró en una posada de Viseu, les hizo dar muerte, y trayendo las cabezas de los dos Manzano, los arrojó sobre las losas de la Iglesia de Sto. Tomé que cubrían los restos de sus hijos.

La ciudad se dividió en dos bandos enemigos, que tomaron por nombre las parroquias de Santo Tomé y San Benito, bandos que ensangrentaron la ciudad, a pesar de las fervorosas predicaciones de San Juan de Sahagún.

Varias veces la visitaron los Reyes Católicos, siendo una de ellas con motivo del fallecimiento de su hijo el príncipe Don Juan en 1497. El Rey Católico residió aquí desde octubre de 1505 a marzo de 1506.

Carlos I visitó Salamanca en 1534, y Felipe ll en 1543 desposándose aquí con su primera mujer, María de Portugal. Felipe ll y su esposa Doña Margarita de Austria la visitaron en 1600.

Salamanca intervino en la Guerra de Sucesión, declarándose a favor de Felipe V. Conquistada por las huestes del archiduque, fue pronto recuperada por el fundador de la dinastía borbónica, el cual permaneció aquí varios días en 1710, acordándose entonces la construcción de la Plaza Mayor.

Terribles fueron para Salamanca los efectos de la Guerra de la Independencia. De 1808 a 1811 estuvo abierta a los ejércitos que sobre el suelo de España se disputaban la hegemonía de Europa. Por fin, la batalla de los Arapiles, en las mismas puertas de la ciudad y en la que Wellington derrotó a los napoleónicos, alejó a éstos de este país. Pero al marcharse habían destruido maravillosas joyas arquitectónicas, muchos colegios, casas nobles, edificios que, como el Colegio Mayor de Cuenca, era considerado como “una de las maravillas de la arquitectura”.

Si la historia política de Salamanca no es muy accidentada, fue la vida de la Universidad en sus diversas incidencias, provisión de cátedras, relación entre profesores y estudiantes, de éstos con la población de la ciudad, lo que informó su historia hasta el siglo XIX.

En la esfera del arte, todos los estilos han dejado su huella más prócer y exquisita en esta ciudad. El Plateresco español de calidades decorativas y fina ejecución, ofrece en Salamanca sus más bellos modelos. Esta tendencia decorativa del estilo plateresco acentúa sus posibilidades al estar trabajada en una piedra mollar, de bello color áureo, la famosa piedra de Villamayor.

Las personalidades históricas que han pasado por la ciudad, tanto en el campo universitario como en el de las artes y las letras, son incontables, desde Fray Luis de León, Nebrija. Francisco de Vitoria, Cervantes. Menéndez Valdés, San Juan de la Cruz; hasta Miguel de Unamuno o Gonzalo Torrente Ballester, han ido dejando impronta de su saber en esta hermosa villa.

La ciudad ofrece hoy el aspecto de sus similares en las demás provincias españolas, si bien intensificada su vida espiritual por la acción de la Universidad, estudios ahora reavivados por la fundación de la Universidad Pontificia. Es la vida universitaria, en sus múltiples aspectos, la que da emoción y color a su ritmo cotidiano. Su tradición, su ambiente actual, la hacían apta para ser, como Oxford y Cambridge, la ciudad universitaria española. La vida ordinaria puede decirse que se concreta en la magnífica Plaza Mayor, bajo sus soportales encuentran resonancia todos los acontecimientos ciudadanos.

Fuente: Ayuntamiento de Salamanca

Compartir con amigos: