Convento de San Esteban (Dominicos)

Fachada de la Iglesia

Verdadero tapiz renacentista-plateresco realizado en piedra y enmarcado bajo un gran arco triunfal, cuya bóveda de medio cañón lleva una decoración en artesonado de estilo español o hispano. En el centro se destaca el martirio de san Esteban, titular de la iglesia, obra de Juan Antonio Ceroni, de Como, en 1610, esta representación es como el núcleo central alrededor del cual convergen, sirviéndole de cortejo triunfal, estatuas de santos y beatos, en su mayoría de la Orden dominicana. La parte superior de la fachada, más renacentista, separada de la inferior por unos finísimos relieves, se centra en tomo a un Calvario debido a la mano de Ceroni. Nos encontramos ante una obra maestra en la que se combinan sin fricciones estridentes de estilo los arcos renacentistas, los doseles flamígeros del gótico, con los grutescos y medallones característicos del mejor renacimiento español.

Pórtico del convento

Es un conjunto renacentista de inspiración toscana al estilo de las logias italianas de la época. Es obra de Juan del Ribero Rada. Los medallones de las enjutas se deben al escultor Martín Rodríguez. La fecha de realización se sitúa entre 1590 y 1592. Contrasta por su sencillez y sobriedad con la rica decoración de la portada renacentista con la que forma ángulo.

  1. Claustro de procesiones o de los Reyes

La obra se inició hacia 1533 y se concluyó en 1544. Su autor fue Fray Martín de Santiago, religioso de este convento. En la parte baja tiene 20 grandes arcos renacentistas, pero tratados al estilo gótico tardío; cada ventanal está dividido por tres maineles con capiteles angulares tallados con grutescos, monstruos, putti, etc.

Los pilares están decorados con medallones de profetas del Antiguo Testamento, en su mayor parte mutilados. En cada ángulo hay una hornacina con representaciones de la infancia de Cristo. La bóveda de crucería, de estilo gótico tardío, está construida a base de nervios sencillos que arrancan de ménsulas decoradas hasta llegar a entrelazarse.

En la planta baja hay además varias puertas barrocas (s. XVII), así como vestigios del antiguo claustro (de los s. XIII y XIV).

El piso superior está cerrado con madera sencilla. Sus 40 arcos de medio punto descansan sobre pilastras de sección cuadrada. Los capiteles se decoran con esculturas de inspiración clásica. El exterior está decorado con medallones en los que están representados guerreros, monjes y alguna mujer. Las pilastras se rematan con putti, Hércules y Venus de cuerpo entero que portan florones y otros objetos. La decoración del ala Este es mucho más sencilla debido a que se derrumbó en 1591 y fue reparada entre 1594 y 1595.

  1. Capítulo antiguo

Lo que se conserva de la antigua sala capitular es obra del s. XIV con arreglos del XV y XVI. Se utilizó hasta 1634. Tenía dos partes separadas por una reja a distinto nivel: la más elevada era capilla, donde se enterraban los hijos más preclaros del convento. Ahí descansan los restos de los teólogos dominicos más ilustres de la Universidad de Salamanca: Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Pedro de Sotomayor, Mancio de Corpus Christi, Bartolomé de Medina y otros. La parte inferior era la que ocupaban los frailes en sus reuniones y donde se enterraban los demás religiosos. La techumbre, del s. XV, es un artesonado de madera muy sencillo.

  1. Capítulo nuevo

Se entra en esta sala por una puerta de estilo barroco, enmarcada por pilastras estriadas, arquitrabe, friso y cornisa, y rematada por un ático que contiene una hornacina con la escultura exenta de san Esteban (de Antonio de Paz). El interior es de traza similar a la Sacristía y se debe a los mismos arquitectos: Juan Moreno y Alonso Sardiña. La obra comenzó en 1627 y concluyó en 1634. Su mecenas fue Fray Iñigo de Brizuela, obispo de Segovia. En su estado actual resulta incompleta, pues falta la decoración proyectada.

  1. Escalera de Soto

Se llama así por haber sido costeada por Fray Domingo de Soto, gran teólogo y confesor de Carlos V. La obra se inició en 1553 y concluyó en 1556. El arquitecto fue Rodrigo Gil de Hontañón. A la belleza y grandiosidad de esta obra se une una técnica atrevida y revolucionaria: la novedad consiste en que el tramo inferior soporta a todos los demás, que no descargan su fuerza sobre los muros, sino que éstos contrarrestan su empuje. Es tal vez la primera que se construyó siguiendo esta técnica. Los tres tramos visibles están decorados a base de casetones floreados. En el último tramo, hacia el interior, puede apreciarse un relieve en piedra policromada que representa a santa María Magdalena, recostada, meditando sobre un libro y una calavera. La bóveda es de crucería, bastante plana, y arranca de ménsulas colocadas en las esquinas. Cada muro está decorado con medallones.

  1. Sacristía

Su mecenas fue Fray Pedro de Herrera, catedrático de la Universidad de Salamanca, prior del convento, obispo de Canarias, Tuy y Tarazona; en la parte izquierda se encuentra su estatua orante y enfrente su sepulcro. La obra se inició en 1627. En sus muros podemos apreciar los arcos embebidos, las pilastras estriadas con sus capiteles corintios, los frontones partidos, con frisos decorados con motivos vegetales, los pináculos rematados por bolas y los escudos del mecenas. El friso superior está formado por triglifos y metopas con alternancia de tarjetas y esculturas de alto relieve. Sobre una enorme y airosa cornisa descansa la bóveda de medio punto, con lunetos y profusamente decorada.

  1. Iglesia

Monumental recinto en forma de cruz latina, de una sola nave, majestuosa y muy luminosa. Sus dimensiones son de 84 m. de largo por 14,50 de ancho, 21 de alto en la nave y 44 en el cimborrio. Desde el crucero hasta los pies, la nave es de estilo gótico tardío, con arcos apuntados, pilares de baquetones y bóveda de crucería complicada; en cambio, el crucero, cimborrio y presbiterio son de estilo renacentista. El mecenas de la iglesia fue el cardenal Fray Juan Álvarez de Toledo, hijo de los segundos duques de Alba. La obra la comenzó Juan de Álava en 1524; luego pasó a Fray Martín de Santiago a quien sucedió Rodrigo Gil de Hontañón. En 1610 se inauguró con gran solemnidad.

El Retablo del altar mayor, concluido en 1693, es la obra más colosal de José de Churriguera. las grandiosas columnas salomónicas recubiertas de pámpanos y racimos forman un verdadero cortejo de luz dorada en torno al gran expositor central. Entre ellas hay dos estatuas: una de santo Domingo de Guzmán y la otra de san Francisco de Asís, ambas atribuidas al autor del retablo; como coronación de todo el conjunto podemos apreciar el cuadro de Claudio Coello que representa el martirio de san Esteban.

Los retablos laterales del crucero, también de estilo barroco, se deben a los discípulos inmediatos de José de Churriguera. En el retablo de la izquierda, dedicado a santo Domingo de Guzmán, hay una magnífica escultura del santo, obra de Salvador Carmona. El cuadro superior, que representa a santo Domingo y san Francisco en oración, se atribuye a Manuel Petit (o Piti), pintor salmantino de finales del s. XVII y principios del XVIII. Enfrente de este retablo hay un gran cuadro de la escuela de Rubens que representa a Jesús camino del calvario. El retablo de la capilla del Rosario es obra de José de Churriguera. La imagen de la Virgen del Rosario fue regalada por el papa Pío V. El gran fresco que está sobre el arco triunfal que cobija esta capilla, representa el misterio de la Coronación de la Virgen y es obra de Antonio de Villamor. El retablo de la derecha está dedicado a santo Tomás de Aquino; la escultura del santo es de José Larra Domínguez y los cuadros de Antonio Palomino. Enfrente de este altar hay un cuadro anónimo del s. XVII que representa la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní; y al lado de la bella portada renacentista que da acceso al claustro de procesiones, dedicada a san José, hay otro gran cuadro, de estilo italiano, que representa el coloquio de Jesús con la Samaritana.

La ornamentación de las otras capillas laterales está sin terminar. En la que está dedicada a san Jacinto de Polonia, hacia la mitad del lado derecho, hay un sepulcro renacentista con una estatua yacente, que representa a López Fernández de Paz. Junto a ésta hay otra capilla que fue decorada por Antonio de Villamor, a principios del s. XVII, con escenas de la pasión. En ella puede apreciarse un calvario en madera policromada, de factura gótica y el confesonario donde se confesaba santa Teresa de Jesús. En la primera capilla del lado izquierdo hay una bellísima escultura, del s. XVI, de san Juan Bautista. Es muy interesante la Anunciación situada hacia la mitad de la nave, de columna a columna, obra de Fray Martín de Santiago.

El coro se halla asentado sobre un arco escarzano atrevidísimo, rematado por una pesada balaustrada de piedra. La sillería, obra de Alonso de Balbás (concluida en 1655), es de estilo clasicista. En la crestería y en las misericordias, que son las partes más decoradas, trabajó el tallista Juan de Mondravilla; a él se debe también el enorme facistol o atril que hay en medio del coro, pieza fantástica, no sólo por sus dimensiones, sino también por la ejecución de la talla. Lo más interesante del coro es el gran fresco de Antonio Palomino que representa a La Iglesia Militante y Triunfante (1705). La parte inferior está dedicada a la Iglesia militante, representada por una mujer vestida de pontifical que va montada en una carroza. A su lado está santo Tomás de Aquino; avanzando un poco más en la carroza están representadas simbólicamente las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia; después vienen las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y el amor a Dios y a los hombres. Pisoteados por los caballos blancos y negros hay tres personajes que representan a la ignorancia, el error y la herejía. Bajo las ruedas de la carroza están representados por animales los siete pecados capitales: el oso (la ira), el avestruz (la gula), el pavo (la soberbia), el lobo (la avaricia), la cabra (la lujuria), el perro (la envidia) y la tortuga (la pereza). En la parte superior está representada la Iglesia Triunfante, presidida por la Trinidad; entre los numerosos santos destacan principalmente las figuras de la Virgen María, de santo Domingo de Guzmán, de san Esteban, de san Juan Bautista y de san Antonino de Florencia.

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