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Desde el alto del cerro de la Carrallano, oteo, en todas las direcciones, los puntos aproximados donde, antiguamente, estuvieron ubicados unos pueblos, que hoy se catalogan como fincas. dehesas o cotos redondos. Pueblos que, paulatinamente, se han ido despoblando, y los cimientos de sus casas y de sus iglesias han quedado sepultados por la acción del tiempo, del desuso y del trajín del arado.

La despoblación de esos pueblos se dio por diferentes motivos, pero nos vamos a centrar en los principales. Cuando se llevó a cabo la repoblación de la tierra de Alba, en 1224, hubo que edificar pueblos nuevos, pues los ya existentes eran insuficientes para albergar las oleadas de familias, que venían a establecerse a nuestras tierras. Una característica de la ubicación de estas nuevas aldeas era la proximidad y, por consiguiente, el estrechamiento de los términos. Vale cualquier ejemplo para confirmar esta realidad: Fresnillo distaba de Tordillos media legua y de Santiago, tres cuartos de legua; tal ocurre con Sotrobal, a una distancia similar de Macotera y de La Nava; otro tanto, con Melardos, de Santiago de la Puebla y Alaraz… A este problema, le sigue el más definitivo: las cargas fiscales que tiene que soportar. Se decía que de cada puño de sementera, tenía que producir cinco, que se distribuían así: un puño, para el clero; un puño, para el monarca; un puño, para el señor; un puño, para los pájaros y el quinto, para el vasallo labrador. Éste, con su parte, tenía que alimentar a su familia y su ganado, y, además, apartar la simiente para la próxima sembradura. Y la cosecha dependía del cielo, y venían años de extrema sequía, de nieblas y tormentas, como sucedió en 1502, en que no se cogió un grano de cereal ni de uva, porque la piedra y el granizo arrasaron panes y viñas; y, entonces, el campo no era, lógicamente, tan productivo como ahora. Antaño, la huebra de buena calidad daba cinco o seis fanegas; la de media calidad, cuatro y la de tercera calidad, dos o tres.

Esta situación, sobre todo, en el siglo XVI, era insostenible, y la gente empobrecida, perseguida por la miseria y el hambre se ve forzada a abandonar y buscar nuevos horizontes, también inciertos. La situación la describe, con toda su crudeza, la novela picaresca “El Lazarillo de Tormes”, tiempos en que había más ingenio que bienes de la tierra. Y de la situación, no era ajeno la Corte, pues el 17 de septiembre de 1544, desde Valladolid, el príncipe Felipe (Felipe II) escribe a su padre, Carlos V, y le dice: “ la gente común, a quien toca pagar los servicios, está reducida a tan extrema calamidad y miseria, que muchos andan desnudos, sin tener de se cubrir…” Era una penuria extrema la que denunciaba el Príncipe al Emperador, sobre todo, cuando vení a un año de mala cosecha , el hambre era general. “De un año contrario, queda la gente pobre de manera, que no puede levantar cabeza”. Y se ven obligados a llevar una vida andariega, de allá para acá, siempre a la búsqueda de un nuevo horizonte donde poder mejorar, donde probar su suerte, es que, cuando la miseria

acosa, obliga a este estilo de vida itinerante. Y estas son las razones de que varios pueblos de nuestro entorno, se fuesen vaciando, quedándose sin gente; sus términos, en unos casos, se anexionaron a las aldeas vecinas, como ocurrió con Fresnillo, que engrosó el término de Tordillos; Sotrobal, el de La Nava; Melardos, el de Santiago y Valeros, el de Gajates; el resto se utilizó para pagar servicios a caballeros que prestaron su apoyo al monarca en sus andanzas bélicas.

Sotrobal

El primer lugar que atisbo es el punto donde estuvo asentado Sotrobal: Sotrobal pueblo, con sus treinta vecinos y su iglesia de Santiago, que estaba construida en un lugar angosto, enmaderado, que había sido centro de oración de moros, antes de que fuese repoblada la aldea por Alfonso IX en 1224. Y no sólo Sotrobal disponía de iglesia, sino, que, en su término, se alzaba una ermita, dedicada a Santa Ana, que era menester reparar su capilla, y que se iba ladeando a un lado; y, un poco más allá, en territorio de La Nava, existía otra ermita, que guardaba la imagen de Nuestra Señora de la Vega: esta ermita estaba muy bien tratada, pero ambas carecían de rentas y se mantenían de las limosnas de los devotos. Pilar Sastre, en “Estudios Históricos Salmantinos”, pag. 264, dice que “En 1652, se despobló totalmente Sotroval”. Ya sin iglesia y sin ermita, hasta hace cincuenta o sesenta años, aún habitaban las casas de Sotrobal algunas familias, que se encargaban de labrar y de cuidar los ganados de sus nuevos propietarios. El término de Sotrobal pertenecía gran parte al Duque de Alba, al mayorazgo de doña María Palomino, vecina de Zamora, a una capellanía que gozaba don Vicente Gómez, vecino de Alba y a la catedral de Salamanca. El término de Sotrobal ocupaba una extensión de 2.327 huebras; 1656 eran de sembradura y el resto, tierra de pastos, viñedo y monte. Estaba distribuidas en tres hojas: la hoja del Medio comprendía los sitios de las Eras, Valle de la Medialegua, las Tabarneras, Valdegómez, el Espinar, las Fraguas y las Eras de abajo; la hoja raya de La Nava estaba formada por los sitios de la Raya, Salmuero, charco Mesado, las Callejas y el camino de La Nava; la hoja de la raya de Bóveda estaba integrada por el Carrascal, prado Terreros, prado Sanchobuey, las Dehesillas, Pedro García y sendero de Peñaranda. En 1798, el término de Sotrobal lo tenía arrendado José Rodríguez de Peñaranda; de la renta, la Duquesa de Alba recibía dos partes de tres. Con el tiempo, los macoteranos se fueron haciendo con la propiedad de casi todo el término, integrando gran parte de sus pagos en el término municipal de Macotera.

Araúzo

Más al norte, más allá de Sotrobal, escondido entre un monte de encinas, había otra aldea, Araúzo. Una aldea creada durante el siglo XIV, dentro del cuarto de Ríoalmar, junto con La Cida, La Granja, La Lurda y La Serna. Se resiste a pertenecer a la tierra de Alba y se suscita la disputa a principios del siglo XV, puesto que Alba no quiere perderla. Hacia 1428, el caballero salmantino, Fernán Rodríguez de Sevilla, poseía dicho lugar, pero con la oposición, nada pacífica, de los habitantes de Alba. En noviembre de 1431, un pleito entre el concejo de Alba y el caballero, que lo ocupaba, Fernán Rodríguez de Sevilla, intentaba solventar el problema. El pleito se prolongó largo tiempo, pero el resultado fue que Araúzo no volvió a la jurisdicción de Alba.

Araúzo, a principios del siglo XVII, tenía cinco vecinos. Era un lugar propiedad de don Juan de Guzmán. Tenía una buena iglesia, bien tratada, con retablo y sagrario. Tenía un relicario con muchas reliquias muy respetable. El visitador obispal no encontró libro de cuentas ni razón de ellas, pues hacía muchos años que este lugar ha estado rurar y sin vecinos. Su Señor, don Juan, por su devoción, y una señora, hermana suya, han tenido muy buen cuidado de reparar la iglesia y proporcionar aceite para la lámpara. La iglesia tenía unas tierras, pero no hubo quien diera razón de ellas. El señor don Juan dice que el lugar está arrendado todo redondo y que, allí, entran las tierras de la iglesia.

En 1752, pasa a propiedad de doña Mª Manuela de Moztezuma, Marquesa de Almanza, vecina de Salamanca, quien percibe el fruto de su arrendamiento y el portazgo que cobraba a todos los arrierros trajinantes y comerciantes, que transitaban por dicha villa despoblada y por su término; el portazgo se reducía al pago de cuatro maravedís por cada caballería mayor o menos, que pasaba con carga. Araúzo tenía una extensión de 5.247 huebras. Se distribuían así: 660 huebras para trigo; 1.040, para centeno; 2.191, para monte y el resto, para pasto. Tenía un molino harinero arruinado, con cuatro piedras y dos casas: una para el montaraz y otra, para el aparador de labranza; dos pajares, una cochera, caballeriza y palomar. Francisco de la Peña, vecino de Peñaranda, tenía arrendado su término por 12.300 reales. Éste mismo era arrendatario de la finca de San Mamés. Trabajaban en él veinte personas entre labradores, guardas del ganado y dos mujeres que gobernaban la casa. Don Cristóbal de Espinosa, Vizconde de Garci-Grande, poseía una tierra de dos huebras, rayana con Alconada. El Diccionario de Pascual Madoz (1845-50) dice que aún se conservan las ruinas de la pequeña iglesia; en este período, la finca era cultivada, en su mayor parte, por los vecinos de Ventosa; los pastos eran riquísimos y alimentaron, por muchos años, los celebrados toros de la ganadería del Sr. Gaviria; el río, después de fertilizar unas cien huebras de pasto y dar impulso a un molino harinero, se introducía en el Tormes el monte se ha recuperado ya de las considerables pérdidas, que sufrió durante la guerra de la Independencia; la carretera Salamanca – Madrid, usada sólo en el buen tiempo por carruajes, le deja a dos tiros de bala al sur; en la relación de productos destaca la caza menor, especialmente, conejos. A lo largo de la historia, fue pasando su propiedad por distintos señores y, en la actualidad, buena parte de su término es propiedad de un macoterano, José Manuel Prudencio Martín.

Fresnillo

Mirando, al poniente, tenemos el sitio, que se dice de los árboles de San Miguel, y vecino de la antigua huerta del señor Quico el hornero; enfrente mismo de los árboles, y al otro lado del camino, donde mi cuñado Fachenda tenía un majuelo y Andrés el Cabra (q.e.p.d) tenía un huerto, era el punto donde se asomaba la aldea de Fresnillo. Para ser más precisos, distaba media legua de Tordillos y tres cuartos de legua de Santiago de la Puebla. Los arados han destapado trozos de tejas y restos de cimientos, que quedaron desmenuzados. En 1766, el cura de Tordillos, don José Nieto, en un informe que envía a Tomás López, cita la ermita de San Miguel, donde la gente de Tordillos acudía en romería el lunes de aguas. En la lista de pueblos del Obispado de Salamanca de 1410, todavía figuraba Fresnillo y Valeros; en cambio, en el censo de 1548, Fresnillo y Valeros se habían caído de la lista, o sea, que se habían quedado sin gente. Fresnillo, aunque se anexionó a Tordillos, fue propiedad de la marquesa de Cerralvo y Almarza (mayor propietaria), de don Cristóbal de Espinosa , Vizconde de Garci-Grande, Madres carmelitas, convento de las Dueñas, Mayorazgo de Orobios (marqués de Vargas, de Olmedo), beneficiados de san Miguel de Fresnillo, convento de san Leonardo, iglesia de Macotera y concejo de Macotera entre otros. Fresnillo tenía una extensión de 1445 huebras. Su término estaba dividido en dos hojas, que se sembraban un año sí y otro, no. La hoja de la raya de Santiago ocupaba una superficie de 370 huebras: 170 de trigo y 200, de centeno. Comprendía los sitios de Valdelarraya, Valdesalegas, la raya de Valeros, el Rollar y la majada de Rodrigo; la hoja de la Cabezota era más extensa, 620 huebras: 270 destinaban a trigo, y 350, a centeno. La componían los sitios de la raya de Galleguillos, de las Llanas, de las Torbisqueras, el Verdegal y el picón de la Cabezota. El viñedo ocupaba 140 aranzadas, el monte 190 huebras y la tierra inútil, 30 huebras. Fue adquirido por los labradores de Macotera el 8 de febrero de 1852. Conocemos la relación de los nuevos propietarios.

Melardos

En la franja, que se extiende al mediodía, y teniendo como referencia Alaraz, y camufladas entre encinas, se escondían las aldeas de Melardos (Melardes), San Mamés, Garcigrande, Valverde, Gómez Velasco, Carabias (un poco más alejada, junto a Larrodrigo) y Valeros.

Melardos se repobló en 1224, y, pronto, sus nuevos vecinos la abandonaron (mediados del siglo XIV), pasando su término a engordar el realengo de Santiago de la Puebla.

San Mamés y Garci-Grande

Las aldeas de San Mamés (seis vecinos) y Garcigrande se convirtieron en despoblados a mediados del siglo XV; en cambio, sus iglesias aún se mantenían en pie a principios del siglo XVII. Dice el “Libro de lugares y aldeas del Obispado de Salamanca” que, en el término de San Mamés, hay una iglesia desierta de vecindad, que la solía tener; y otra de San Miguel, que solía ser lugar, en el que llaman de Garcigrande. Estas iglesias están maltratadas y arruinadas.

En 1752, San Mamés tenía una extensión de 2.465 huebras. Todo el término era pasto y de monte de encinas, excepto, una vega de ochenta huebras cubierta de fresnos. Lo tenían arrendado Francisco de la Peña, Santiago Rodríguez y Francisco García, vecinos de Peñaranda; el primero pastaba en él sus merinas y vacada; los otros dos, sólo vacas, Desponía de una casa, en la que residía el montaraz. En cuanto a sus propietarios, se habla del conde de Santibáñez del Río (anejo de Doñinos), herederos de don Diego de Ledesma, vecino de Béjar; Pablo Antonio del Águila Mercado, de Medina del Campo; convento de religiosas de Jesús de Béjar; la Real Casa de Comendadoras de Sancti Spíritus de Salamanca y la Memoria que Francisco Blázquez fundó en el convento de las religiosas descalzas de Alba de Tormes.

Garci-Grande era propiedad de don Cristóbal Espinosa, Vizconde Garci-Grande, vecino de la ciudad de Zamora. Su término se destinaba sólo a pastizal y monte de encinas; su leña era utilizaba para la fabricación de carbón. Tenía una extensión de 2.150 huebras. Fue uno de los propietarios de Fresnillo.

En 1938, don Manuel Espinosa y Villapecellín, Vizconde de Garci-Grande, adquirió la ganadería que se anunciaba Nogales y Mejías, propiedad de don Casimiro Pérez-Tabernero Nogales y Manolo Mejías Bienvenida, que tenía procedencia de don Graciliano Pérez-Tabernero.

Valverde

Valverde era otro lugar de la tierra de Alba. A principios del siglo XV, decide desgajarse, desprenderse del dominio de los señores de Alba; en 1411, Alba intenta, sin éxito, recuperar la disciplina del lugar. Y, entonces, pasa a pertenecer al caballero Gonzalo Yáñez, y el nombre de Valverde de Gonzaliáñez, con que se le conoce, hoy día, se debe a ello. En 1458, Valverde era del hijo de Gonzalo Yáñez.

En 1604, de Valverde se dice que es villa de don Gonzalo Ramírez. Tenía cinco vecinos y una iglesia muy maltratada, que se está cayendo y es muy pobre. Las limosnas, que tiene, se gastan, cada año, en apuntalar el lado que se le va arruinando. En su término, cerca de ella, hay una ermita de Santa María la Blanca, bien reparada. Si la iglesia parroquial se hundiera, podría servir de parroquia.

En 1752, Valverde de Gonzaliáñez pertenecía a la Marquesa de Almarza, que también era dueña de Rivilla de Codes. Tenía una superficie de 5.500 huebras; en ella, habitaban seis vecinos: el montaraz, los criados de la señora y el arrendatario (27 personas). El arrendatario residía en una casa-mesón, y atendía un cacho de taberna.

Durante el siglo XIX, la dehesa se arrienda por cuartos: El Vaqueril, El Tomillar, La Laguna y Los Ahijones. El Vaqueril ocupaba una superficie de 152 Has, arrendada a un sólo rentero; el encinar es excelente, con una vega de banda estrecha con fresnos. Dedicado, como hace siglos, a la cría de toros de lidia, que gozaban de cierta bravura. Decían que esta bravura le venía del hambre que pasaban, puesto que, en esta zona, hay pocos pastos. había una copla que cantaba: Ni los toros de Juan Sánchez/ ni los de Zapatero/igualan a los de Antonio/que matan a los toreros/. Ya salió el torito jardo/pa la dehesa del Valverde/ con el cuerno ensangrentado/ que daba penita verle/. Este cuarto se dice ahora Valverde; La Laguna tiene una extensión de 263 Has. cultivada con ocho yuntas. Se llamaba así por tener un embalse natural de aguas de una extensión aproximada de una Ha, quedando seca en verano; El Tomillar, 260 Has. Estuvo arrendado a 16 rentero por 39.000 pesetas anuales. Poseía 20.000 encinas, 50 chopos, 175 olmos y 80 fresnos; Los Ahijones posee una superficie de 220 Has. Arrendada a 16 renteros.

(Datos sacados de “Retrospectiva sobre la evolución de la propiedad y los usos del suelo en una dehesa salmantina: “Valverde de Gonzaliáñez” de Ramón Martín Rodrigo).

Gómez Velasco

Gómez Velasco es una de las aldeas, que se fundó con la repoblación de 1224. La ocuparon veinte vecinos. En 1605, no tiene vecino alguno. Se trata de un mayorazgo del Duque de Alba; llegó a tener ochenta vecinos; debió despoblarse a finales del siglo XVI. Tiene una iglesia muy graciosa, muy bien tratada y reparada. Es anejo de Pedraza. No hay Sacramento, aunque se dice misa los domingos y días festivos para los renteros y criados. Se trata de una de las propiedades privativas del Duque de Álba. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752). Tenía una superficie de 3.200 huebras: de ellas, 3030 de monte para pasto. Poseía dos casas, en una vivía el montaraz. Todo el término lo traía en arrendamiento el concejo y vecinos de Pedraza en 12.800 reales.

Carabias

Carabias es anejo de Larrodrigo. En 1605, sólo vive en ella, don Fernando de Ayala, señor de la tierra. La iglesia está muy maltratada. Don Fernando no pagaba diezmos ni impuestos, porque dicen que tenía bula para no pagarlos, ni tampoco por la dehesa de Juarros, adonde llevaba a parir las ovejas. La bula de exención se la otorgó el Papa Paulo IV a don Alonso de Ayala. a instancias del canónigo Pereira. En Juarros, había una ermita de Nuestra Señora, que tenía veinte pies de renta. En 1752, era propiedad de la Marquesa de Almanza. Tenía una extensión de 3.200 huebras: 326, para trigo; 116, para centeno y 2.750 huebras para monte de pasto. Lo tenía arrendado Domingo Delgado, vecino de Valdecarros, en 9.480 reales anuales. Residía en la finca con su familia, que la componían 15 miembros: el matrimonio, seis hijos, dos criados de labor, un guarda, dos zagales para atender el ganado y dos criadas para el gobierno de la casa. Era dueño de gran cantidad de ganado, que pastaban en sus prados y monte, con ganado de lidia. Para cultivar las tierras de sembradura contaba con ocho parejas de bueyes.

A partir del siglo XVIII, vemos ligado el marquesado de Cerraldo (otorgado por Carlos I a Rodrigo Pacheco Osorio, en 1553), con el marquesado de Almarza; se unieron ambos en el siglo XVIII. Ya los vemos juntos, como propietario mayor de Fresnillo (marquesa de Almarza y Cerralbo). Fue empeño de doña Mª Manuela Moztezuma el ser nombrada “Grandeza de España”, lo consiguió, pero de segunda clase, de Carlos III.

Valeros

Cerramos el círculo de despoblados con Valeros, anejo de Gajates. Fue repoblado con doce vecinos. En 1605, ya es despoblado, aunque tenía una buena iglesia. Como no tenía vecinos, la renta de los pastos y espigadero los cobraba el Duque de Alba, su Señor.

Valeros pertenecía a la jurisdicción del Ducado de Alba; en cambio, su terrón era de varios propietarios: el Marqués de Vargas, poseedor del Mayorazgo de Orobio, vecino de Olmed; las memorias que fundó, en el convento de las carmelitas descalzas de Alba, el Licenciado Pedro Aponte e Isabel Aláiz; el convento de Santa Isabel de Alba y tres macoteranos. Tenía una superficie de 1.100 huebras, que se distribuían en dos hojas: hoja del Cardadal, con los sitios de Salegas y el Seto; y la hoja de Valdemaría, con los sitios de Raya de Valdecarros, Valdemaría, el Juncal, Canadilla, Eras y el Río. Todos estos lugares se transformaron en dehesas o fincas, que se concedieron a los grandes señores, como recompensa por los servicios prestados al rey en las distintas contiendas que tuvieron lugar en España (guerra de Granada y anexión de Navarra) y en Europa (las guerras religiosas y la disputa con Francia por la hegemonía y el predominio de la política europea, y, entre cuyas aspiraciones, se encontraba el dominio sobre Milanesado).

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