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Diego de Anaya y Maldonado (Salamanca, 1357, Sevilla, 1437), sacerdote y mecenas español.

Quizá Anaya fuera uno de los personajes más representativos de la historia medieval de Castilla y de León: culto, mecenas preocupado por la educación y por el futuro de su patria.

Tras una juventud disipada en la que tuvo dos hijos con doña Maria de Orozco (Juan y Diego Gómez de Anaya), muerta ésta prematuramente, se hizo religioso. Desde ese momento empezó una carrera importante en el reino. Fue ayo de los hijos del rey Juan II y fue nombrado obispo de Tuy y después de Orense; desde 1392, fue obispo de Salamanca; es transladado a Cuenca en 1407 y desde allí, en 1418, es nombrado Arzobispo de Sevilla.

Encabezó la delegación castellana en el Concilio de Constanza, que acabó con el Cisma de Occidente y, en 1417, en Roma, asistió al cónclave que eligió al papa Martín V. Más tarde, ante este papa, fue acusado de favorecer las pretensiones del antipapa Benedicto XIII, acusación que apoyó el favorito del rey Álvaro de Luna, que quería la sede de Sevilla (que ocupaba Anaya) para su hermano, Juan de Cerezuela, por lo que Anaya fue retirado de la Sede, aunque conservando el rango episcopal, y fue nombrado un Administrador de la diócesis (Fray Lope de Olmedo). El primado de Toledo, encargado de investigar la verdad de la acusación, declaró a Anaya inocente, pero para entonces, Cerezuela ocupaba ya el cargo, de modo que Anaya tuvo que esperar hasta que Cerezuela cambió de sede (fue nombrado arzobispo de Toledo en 1435), para recuperar su sede sevillana.

Está enterrado en la capilla de San Bartolomé o de Anaya, que él mismo fundó, en el claustro de la catedral Vieja de Salamanca.

En su labor de apoyo a la enseñanza fundó en 1401 el Colegio Mayor de San Bartolomé, conocido como Colegio Mayor de Anaya o Colegio Viejo, en Salamanca. Empezó con un grupito de alumnos pobres de la Universidad, y fue añadiendo rentas, comprando unos solares y edificando un Colegio (donde actualmente está el Palacio de Anaya) que acogía alumnos con pocos recursos económicos y capacidad intelectual suficiente. Desde muy pronto los colegiales de San Bartolomé tuvieron fama de bien preparados y ocuparon importantes puestos en la administración del Estado (entre los que se contaron sus hijos Juan y Diego Gómez de Anaya). Consiguió que el papa Martín V confirmase todos lo privilegios que Benedicto XIII había otorgado a la Universidad de Salamanca.

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