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Los jóvenes y su dificil acceso al alquiler de viviendas

Los jóvenes no tienen fácil el acceso al alquiler en España, algo que choca, ya que nos encontramos con la generación de jóvenes mejor preparada de nuestro país, con más oportunidades, y como todo joven, sin importar de qué época sea, con ganas de volar, de tener su espacio, su casa, su independencia, pero esto sin embargo es una utopía, que solo unos pocos afortunados pueden lograr.

El panorama es desolador, dejan de lado los llamados “ni-ni”, los jóvenes cualificados y con ganas de ser independientes en todos los aspectos de su vida, tanto personal como profesional, se encuentran con grandes problemas. El paro se presenta como uno de los principales obstáculos, y es que uno de cada cuatro jóvenes españoles está en situación de desempleo. Esto se debe a dos factores principales, por una parte, la pasada crisis económica ha menguado las oportunidades laborales y por otra parte está la llamada “pescadilla que se muerde la cola” por la que para el acceso a un trabajo, la mayoría de las empresas demandan experiencia laboral, por lo que es muy difícil acceder al mercado laboral.

La consecuencia es que España cuenta con la mejor generación de jóvenes preparados de su historia, que ante tantas trabas para lograr trabajar, siguen acumulando masters, cursos…para finalmente tener que verse obligados a abandonar su país en busca de un futuro mejor o bien se ven obligados a aceptar puestos de trabajo, que se encuentran fuera de su ámbito de estudios, desaprovechando su formación y su capital intelectual.

Pero el problema no acaba aquí; a los altos precios de los alquileres, ya que la opción a adquirir una vivienda en propiedad es algo impensable o mejor dicho misión imposible, se unen los bajos salarios y malas condiciones laborales en general. El empleo que tienen los jóvenes se define como precario, con la temporalidad y la rotación de puestos. La palabra contrato fijo suena a cuento chino, ya que nos encontramos en el reinado del contrato temporal, el gran triunfador, con el 73.3% de los jóvenes, entre 16 y 24 años, con este tipo de contrato.

Los jóvenes que logran quedarse a trabajar en España y en su ámbito de estudios tampoco tienen un panorama mucho más alentador. Los grandes núcleos urbanos, como son Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, son las ciudades que ofrecen más oportunidades laborales, sin embargo, los precios de los alquileres de estas grandes urbes no se lo pone nnada fácil. Actualmente se encuentran con precios que superan los techos previos a la crisis.

Además, el centro de las grandes ciudades, se está quedando restringido para las rentas más altas, dejando las afueras como los únicos lugares donde los jóvenes, con mejor suerte, logran optar al alquiler y pueden comenzar su proyecto de vida y por fin independizarse. Los altos precios de la vivienda se explican por dos factores principalmente, por un lado está la reducida oferta de vivienda de alquiler y por otro lado, los diferentes usos que se dan a las viviendas disponibles para su alquiler, como son los pisos de alquiler enfocados al turismo.

Todo ello ha fomentado que los jóvenes en España sean el colectivo  social con mayor riesgo de exclusión. Los datos lo ratifican, la precariedad laboral y salarial, de la que anteriormente hablábamos, produce qué los jóvenes que vivan solo deban invertir el 80% de sus salarios para pagar una vivienda propia, y un 60% si comparten piso. La consecuencia es que España tiene una de las tasas de emancipación de la Unión Europea más tardías, sin embargo este hecho tiene un factor cultural al mismo tiempo. España tiene una cultura familiarista y de búsqueda del bienestar, por lo que los jóvenes y sus familias son reticentes a que estos abandonen la casa familiar, abandonando al mismo tiempo todas las comodidades, lo contrario ocurre en otros países Europeos, donde se entiende el esfuerzo y sacrificio para conseguir sus objetivos personales.

Las ventajas e inconvenientes de vivir en un piso de estudiantes

Llega septiembre, siempre el temido septiembre, pero el año que empiezas la universidad es diferente, ese septiembre es todo lo que has ido saboreando durante tanto tiempo, y es que por fin te vas a la universidad, te vas de tu casa, dejas atrás a los amigos de siempre, la comodidad y te vas, por qué quizás sea la primera vez que de verdad TE VAS de un sitio.

Normalmente eliges entre Colegio mayor o piso compartido. Los menos arriesgados primero probamos suerte en un Colegio Mayor. Allí conoces a tu grupo de amigos, formado por un grupo de personas como se suele decir cada uno “de su padre y de su madre”. Los primeros meses o primer año te crees que vives en un eterno campamento de verano, 80 personas en un mismo edificio, sin sus padres por primera vez, sin horarios más que ir a clase cuando cuadra, no asegura muchas horas de paz.

Sin embargo, llega un punto en el que todo estudiante que vive en un Colegio Mayor se siente “más adulto”, y decide qué necesita su sofá, su espacio, su “tranquilidad”…necesita su piso de estudiantes, y es cuando comienza el primer drama: ¿con quién me voy?. Cuando por fin esta incógnita está resuelta tras mucho debate con tus amigos, llega la otra gran pregunta, ¿donde vamos a vivir?.

En este punto te imaginas tu casa de tus sueños, sacada de un catálogo de Ikea, dejamos volar nuestra imaginación pero la realidad es muy diferente, y nos encontramos con un cúmulo de muebles que nuestro querido casero ha ido coleccionando, creando un piso que podría ser el decorado perfecto de Cuéntame. Pero en el fondo te da igual, ya que se abre un mundo de posibilidades decorativas donde todo vale, carteles de conciertos qué no quieres olvidar, señales de tráfico, de obras, conos, cuadros del “Picasso” del piso y demás “objetos” que van apareciendo por la vida de todos los integrantes del piso, creando una estampa de piso donde no se diferencia si es arte o el ejemplo de lo que significa síndrome de diógenes.

Otro punto importante y qué va a dar más de una discusión en todo piso de estudiantes es la temida palabra LIMPIEZA. Todo comienza las primeras semanas, todo lleno de buenas intenciones y falsas esperanzas, se crea el primer de muchos plannings de limpieza, que se quedaran en más carteles que decoran nuestras paredes. En este momento llega a casa el último inquilino, el desorden, junto a sus amigos los platos sucios o las pelusas de polvo de un tamaño nuevo para ti.

Sin embargo en un piso de estudiantes aprendes, y mucho, aprendes a vivir con personas que son completamente diferentes a ti, aprendes a tolerar, aprendes a cocinar, a poner lavadoras, a limpiar “de verdad”, por qué si, para nuestra desgracia no todo son risas. Y conoces, en un piso de estudiantes conoces y mucho, conoces a amigos de amigos de amigos, a personas que te sorprenden, y te sorprendes a ti mismo, pasando horas y horas hablando, con la cerveza más barata, en ese salon sacado de Cuéntame, pero feliz, feliz de pensar que dentro de esas paredes de tu amado piso, durante cuatro años, no entran preocupaciones.

Firmado: Una estudiante en piso compartido