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Enrique de Aragón (1400-1445) (No confundir con Enrique de Aragón, Marques de Villena) Maestre de Santiago e hijo del infante castellano Fernando de Antequera, al pasar éste a ser rey de Aragón tras el Compromiso de Caspe, pasó a ser infante de Aragón. Antes de ser nombrado infante y comenzar su actividad política estudió en la Universidad de Salamanca.

Aunque era Infante de Aragón, y merced a las posesiones legadas en Castilla por su familia, su principal campo de acción estuvo en Castilla donde, según los planes de su padre, debía ser la cabeza visible de la familia, colaborando en la dirección de la monarquía con su primo Juan II de Castilla, en cuyo Consejo Real tenía un puesto asegurado por el testamento de Enrique III de Castilla.

Sin embargo su ambición le hizo aspirar a controlar el poder castellano de forma casi completa, obviando, incluso a su primo el rey Juan II, quien a su vez era su cuñado por su matrimonio con María de Aragón. Para ello no dudó en oponerse al mismo incluso con las armas, en forzar la política por medio de alianzas y en protagonizar el Golpe de Tordesillas, por medio del cual detentó el poder desde 1420. La difícil situación política de Castilla que, en parte, ayudó a crear, hizo que se viese alejado del poder en numerosas ocasiones, llegando a ser arrestado y puesto en prisión por su primo Juan II por sus actos en el Golpe de Tordesillas. Gracias a la presión de su hermano el rey Alfonso V de Aragón, fue puesto en libertad, marchando al exilio en varias ocasiones.

Tras su última vuelta a Castilla gracias a la sublevación nobiliaria de 1438, participó activamente en las luchas políticas llegando al enfrentamiento armado con el rey en la Primera Batalla de Olmedo, en 1445, donde fue herido en una mano. Esta herida se infectó y a las pocas semanas fallecía en Aragón.

Existe una teoría historiográfica, defendida por Emilio Cabrera, que dice que antes de ese año existió un plan apoyado por el infante Juan II de Aragón (también rey de Navarra), por el cual la mitad sur del Reino de Castilla habría sido desgajada para entergársele a Enrique con título de rey o virrey, quedando la mitad norte para el rey Juan II de Castilla bajo la tutela de su primo el rey navarro. Junto a su hermano Pedro se señorializó fuertemente en todo el Oeste de Salamanca, y en la Extremadura leonesa.

Dejó un hijo de su segundo matrimonio llamado como él, y conocido como Enrique de Aragón y Pimentel, erróneamente llamado infante.

Enrique Plá y Deniel (Barcelona, 1876 – Toledo, 1968) fue un eclesiástico español.

Estudió Filosofía, Teología y Derecho Canónico. Se ordenó en 1900 en Barcelona, de cuyo Seminario fue posteriormente profesor. Fue obispo de Ávila entre 1918 y 1935.

Presidente de Acción Católica, fue uno de los impulsores de Acción Popular en 1931, apenas instaurada la Segunda República, como opción política de las masas católicas. Nombrado obispo de Salamanca en 1935, tras la sublevación contra el gobierno de la República cedió a Franco su palacio episcopal y escribió la carta pastoral Las dos ciudades, donde justificaba la sublevación, y que constituyó la fundamentación teológica de lo que denominó Cruzada.

Por su apoyo a los sublevados fue nombrado Arzobispo de Toledo y primado de España. En 1946 el Papa le nombró cardenal.

Procurador en Cortes y miembro del Consejo del Reino y del de Regencia. En 1960 dio su apoyo a miembros de Acción Católica que reclamaban su derecho a participar en huelgas y poco tiempo después dimitió de sus cargos políticos.

Cartas

La Cremación de los Cadaveres y la Ortodoxia Católica.
Cita de la Escuela Histórica (1900).
Balmes y el Sacerdocio (1910).
Las Dos Ciudades (1936).
La Resurreción De España (1939).
El Triunfo de la Ciudad de Dios (1939).

Enrique Battaner Arias (Salamanca, 19 de enero de 1945)

En 1962 ingresó en la Facultad de Medicina (Universidad de Salamanca), finalizando sus estudios, con Premio Extraordinario, en 1968.

Al terminar sus estudios en 1968 ingresa en el Instituto de Biología Celular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (C.S.I.C.), Madrid, donde realizó su tesis doctoral sobre antibióticos y síntesis de proteínas, gracias a una beca del Plan Nacional de Formación de Personal Investigador (en su primera convocatoria), que finalizó en 1971. Obtuvo entonces un beca de la Fundación Juan March para estudios en el extranjero, y marcha a la Washington University School of Medicine (St.Louis, Mo.) para realizar sus estudios posdoctorales, donde permanecería hasta 1974 como International Postdoctoral Fellow de los National Institutes of Health (N.I.H.). En 1972 obtuvo por oposición una plaza de Colaborador Científico del C.S.I.C., adscrito al Instituto de Biología Celular.

En 1975 inicia su carrera docente en la Universidad de Salamanca, obteniendo la plaza de Profesor Agregado de Fisiología y Bioquímica, siendo asimismo nombrado Jefe del Servicio de Bioquímica del Hospital Clínico de Salamanca.

En 1982 obtiene la cátedra de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Laguna, donde permanece hasta 1988, año en el que gana la cátedra de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca.

En 1990 fue nombrado Vicerrector de Investigación del equipo del Rector Dr. Julio Fermoso García, cargo que desempeñó hasta 1993. En este cargo creó y desarrolló el Programa de Becas Predoctorales propias de la Universidad de Salamanca y potenció el desarrollo de las relaciones Universidad-Empresa.

Desde 1997 hasta 2003 desempeñó la dirección del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Salamanca.

Fue elegido en 2003 Rector de la Universidad de Salamanca, cargo que desempeñó hasta 2007. Entre sus realizaciones más destacadas figuran la construcción y puesta en marcha de la Policlínica Odontológica de la Facultad de Medicina, de la Escuela Politécnica Superior de Ávila, del Centro de Investigaciones Agrarias Luso-Español (CIALE), de la restauración de las instalaciones docentes de Anayita en la Facultad de Filología y de las Casas del Parque en la Facultad de Ciencias. Se realizó el equipamiento y puesta en marcha de la Hospedería de Fonseca y de los Laboratorios Docentes del Campus Unamuno. Bajo su mandato se construyó el Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL) que fue inaugurado posteriormente, en 2009. Asimismo se inició la construcción del Edificio Dioscórides en el área Biomédica del Campus Unamuno.

El Dr. Battaner concibió un ambicioso plan de expansión de la Universidad de Salamanca, para lo cual obtuvo 40 Ha de terreno edificable en el término de Villamayor de Armuña, para la construcción de un nuevo Campus Universitario. En dichos terrenos se construyó el ya citado CIALE y se inició la construcción del Parque Científico de Villamayor. Asimismo, la Universidad consiguió, dentro del Plan Nacional de Grandes Infraestructuras Científicas la ubicación del Laser de Ultrapotencia (PW).

Fomentó las relaciones internacionales de la Universidad de Salamanca, especialmente en los Estados Unidos de América, de manera que en 2005 tuvo lugar en la Universidad el Congreso Ordinario de la American Association of Teachers of Spanish and Portuguese, al que asistieron desde Estados Unidos 800 congresistas, y siendo la primera vez que dicha Asociación celebrara un Congreso Ordinario en Europa. Durante el Rectorado del Dr.Battaner la Universidad órganizó y acogió la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, bajo la Presidencia de S.M. el Rey. Asimismo, se reformó y potenció ampliamente el Programa de Becas Iberoamericanas del Banco Santander. Cabe destacar asimismo su papel mediador en el contencioso entre el Ayuntamiento de Salamanca y la Fundación Ramos Andrade (Museo Casa Lis) que quedó felizmente resuelto bajo su presidencia.

En cuanto a la política de personal, durante el Rectorado del Dr.Battaner se firmó el Primer Convenio Colectivo del Personal Docente e Investigador Laboral y se puso en marcha un Plan de Formación de PDI mediante el Programa de Ayudantes.

El Dr. Battaner es autor de más de un centenar de artículos científicos (de su especialidad y de divulgación) y de siete libros de su especialidad. Ha colaborado regularmente en la Prensa diaria con artículos sobre Educación, Universidad y Relaciones Ciencia-Sociedad.

Cargos

Vicerrector de Investigación de 1990 a 1993.
Director del Departamento de Bioquímica de la Universidad de Salamanca de 1997 a 2003.
Rector de la Universidad de Salamanca de 2003 a 2007

Esta casona de ladrillo, ubicada en la calle del Cardenal Cuesta número 5,(antes Beneficio) fue la sede del casino de Macotera en una época en que Macotera era un pueblo de gran actividad y dinamismo, como se percibía en todos los sectores que integraban la comunidad macoterana. Actualmente, el casino está cerrado. Para mí es una mala noticia.

Tengo en mi poder un ejemplar del reglamento del casino de Macotera. En su portada reza: “ Reglamento de la Sociedad “Casino de Macotera”. Año 1942.” Y, en su interior, aparece el recibo del socio 110, Manuel Izquierdo Sánchez, de julio de 1957, firmado por don Jerónimo Marcos Marcos, secretario, en el que podemos leer la cuota mensual de 10 pesetas.

En el capítulo primero, se recogen los objetivos de la Sociedad: “ proporcionar a sus socios la distracción y honesto esparcimiento permitidos por la moral cristiana; una biblioteca compuesta por los libros, revistas, etc. con preferencia de aquellos que, por sus materias, tiendan a elevar el espíritu patriótico; la instalación de un servicio de café – bar, donde los socios podrán hacer las consumiciones que deseen, siempre que sean las propias de esta clase de establecimiento, no pudiéndose celebrar meriendas ni comidas dentro del local. Podrán ser socios del casino todos los vecinos o domiciliados en Macotera, que soliciten del presidente el ingreso mediante petición escrita, debiendo acreditar, para ser admitido, las condiciones mínimas siguientes:

a) ser mayor de 20 años. b) ser persona de buena conducta y sanas y cristianas costumbres c) ser adicto en todo al Movimiento Nacional.

La Junta Directiva apreciará estas condiciones en su justo mérito y denegará el ingreso a todo solicitante, que no reúna las condiciones indicadas. Por exigencias del local, no podrán exceder los socios de 65, aumentándose este número, únicamente, en el caso de que se trate de admitir a funcionarios que ganen vecindad en esta villa”.

Sin ninguna duda, el casino cumplió con creces sus objetivos constituyentes. La partida era la actividad más celebrada y, al lado se echaba el tablero de ajedrez, se leía la prensa y se armaba la tertulia. Como en todas las cosas, en los inicios, se arrancó con mucha ilusión y los proyectos, que emergieron, fueron ambiciosos: se organizaban bailes de sociedad en Navidad y en los Carnavales; se impartían ciclos de conferencias; se traía algún espectáculo y la biblioteca aumentaba sus estanterías con la presencia de autores clásicos… Plena ebullición. Todo el mundo quería ser del casino o entrar en el casino a tomar una copa de la mano de algún socio, pero las limitaciones del espacio no daba más de sí, y surgieron algunas polémicas, pero se intentaba salir del conflicto con gestos de comprensión y tolerancia: “la mano derecha siempre acudió a la mano izquierda para que le sacara de apuros”. Llegó la televisión y la actividad cultural se paralizó bastante; aquélla se convirtió en la protagonista de la velada; fue la partida la que se mantuvo viva, incluso, se incrementó la afición a las cartas con la organización de algunos campeonatos de mus y tute.

Nos hubiese gustada haber hecho mención de las personas que llevaron la dirección de la Sociedad, pero resulta un poco difícil, pues desconocemos el paradero de la documentación administrativa del casino; en cambio, sí recuerdo algunos nombres: Ramiro Hernández Barriles, Paco Bautista Abuelito, Paulino Cuesta Frailón, Benjamín Madrid Corto, José Manuel Hernández Hornero…

Los Pericaños fueron los encargados de llevar el café, circunstancia lógica, ya que eran los dueños del local. Lo dejaron con el tiempo y se hizo cargo del mismo la familia de Roque Bolero y concluyó el ciclo Emiliano Pondera, quien trabajó tras el mostrador veinte años. Los cuatro socios, que quedaron, consideraron, no viable, seguir con la sociedad y la dieron por finiquitada.

Las “portás”, que aparecen en la lámina, han sido modernizadas como casi todo el pueblo. Quedan por ahí algunos retazos como vestigios de un pueblo viejo, que se ha remozado por los inventos de la técnica y de las modas. Estas “portás” esconden la antigua panera de los Frailes, donde guardaban los granos tras la recolección y, actualmente, Juanín el fontanero la usa para aparcar sus vehículos y proteger la herramienta de trabajo. Las “portás” dan vista al cantón. A esta plazoleta confluyen las calles de la Leche, Retuerta y la cruza, encorvada, la calle “El Pez” en su circular hasta el regato de Lucio el Panadero. De pequeños, los del barrio compartíamos nuestras “picias” y correrías entre el Cantón y las Cuatro Esquinas, pero éramos más adeptos a las Cuatro Esquinas porque eran más pasajeras. Por estas vivencias infantiles, guardamos buenos recuerdos del Cantón y de sus vecinos. No tenía la figura que tiene hoy; la parte que ocupa la panera de los Morenitos era un rincón, que albergaba las viviendas del tío Canín, de Lucrecia la Silletera y Santiago el Méndez, que, además, de casa le servía de taller de reparación de calzado; los Morenitos poseían una panera lindera con la casa de Canín, y, una vez deshabitadas estas casas, se quedaron con ellas y ampliaron, considerablemente, su antiguo recinto. Recuerdo, asimismo, que, en medio del Cantón, había un pilón, construido de ladrillo y cemento, que se usó de abrevadero de caballerías y de retozo para los muchachos; recogía el agua desperdiciá de la fuente de la plazuela de la calle Oriente a la sombra de unas acacias. Yo la llamaba la fuente de la “paciencia”, porque se tiraba las horas muertas para llenar un cántaro. Siempre que pasaba por allí, la encontraba rodeada de los mismos recipientes en posición de espera. Enmarcaban el Cantón, además, de las casas citadas, el corralón de Gabriel Coñita, la casa de los Ralines, la panera de los Frailes, la casa de Antonio Esquiliche y la cuadra de los Bichos, donde Alfonso Valeriano guardaba la mula, y que, posteriormente, fue el aposento de un sinfín de peñas fiesteras.. Se trata de un rincón tranquilo y de tertulia. En verano, les gusta a los vecinos tomar el fresco sentados en la acera de la Regina y los más viejos, en una silla de espadaña; pero hace más de cincuenta años, las mujeres, después de fregar los cacharros y de pasar el estropajo por encima de los carrillos de la lumbre, tenían, de buen uso, pasar la tarde a la solana de la fachada de Antonio el Esquiliche; e improvisaban una mampara con un varal y una manta y, a su “abrigá”, armaban la tertulia mientras cosían los rotos del pantalón, remendaban una camisa o hacían media entre miles de suspiros, chistes y chascarrillos. Se me pasaba, pues uno lo da por sabido, y no es así; un poco más arriba, hablo de los carrillos de la lumbre, y, seguro que no conoces a qué llamaban nuestras abuelas los carrillos de la lumbre. En el frontal de la lumbre baja, había una columna ennegrecida por la salida del humo hacia la chimenea, pues bien, la zona que figuraba a ambos lados de esa columna tiznada, se le llamaba los carrillos. Tengo que confesar que yo no tenía ni idea del asunto, pero me veo obligado a contártelo. Hecho este pequeño paréntesis, continuamos con el relato. Los muchachos estábamos a otra cosa: jugábamos a los montones, a los cuadrines, al carrete…, y las muchachas, al corro, a las mecas y a los alfileres. Son rincones que han marcado una etapa de nuestras vidas y de muchas generaciones.

En el pasado las poblaciones con título de ciudad, con Alcalde con capacidad para juzgar y ajusticiar, exhibían el Rollo, símbolo de esta potestad, y que se usaba para mostrar las cabezas de los condenados a muerte, una vez cumplida la sentencia.

El rollo era una columna de piedra a veces rematado con una cruz, otras con un escudo.

El rollo de la ciudad estaba situado en la Plaza de San Martín, y permaneció allí hasta que tuvo que ser retirado para la construcción de la plaza mayor. Entonces el rollo se instaló en la calzada que unía Salamanca con Madrid, y fue el origen del Paseo del Rollo que se terminó en 1793, paseo llamado actualmente Avenida de los Comuneros.

En 1834 el gobernador civil José María Cambronero ordenó destruir los rollos de la provincia rechazándolos por ser usados para mostrar las cabezas de los condenados, lo que supuso el fin del rollo original.

El actual rollo procede del ubicado en el monasterio de las Bernardas de Jesús, en la actualidad los escolapios. El rollo estaba en la puerta del monasterio, junto a la actual fábrica de Mirat, donde determinaba jurisdicción sobre terrenos inmediatos al monasterio. El lugar donde se encuentra fue comprado por el ayuntamiento para convertirlo en el actual Parque de los Jesuítas. El Rollo se guardó en el depósito público hasta que el alcalde Carlos Gutiérrez de Ceballos ordenó que se colocara en la Plaza de Santa Teresa donde permaneció hasta 1975 cuando se trasladó a su ubicación actual, el Alto del Rollo, recordando al Rollo original alli ubicado. Presenta armas de D. Francisco de Herrera y Doña Mª de Anaya, fundadores del Monasterio de Bernardas.

Se pueden contar con los dedos de una mano las casas de Macotera protegidas por soportales, a excepción de las casas de la plaza Mayor. En la mente guardo las imágenes de la casa del señor Valeriano y otras dos en el rincón del Redondillo. Las dos viviendas sombreadas por el soportal eran propiedad de Antonio Zaballos Bueno Perucho y Rafaela Jiménez Salinero Bizcocha, y de Juan Blázquez el Monjo y María García Blázquez. A su vera, se colocaba la casa de Cándida la Ralina y cerraba el ángulo la vivienda de Jerónimo Bueno Blázquez, Maruso.

Antonio Perucho era criado de servicio, muy buena persona, trabajador, padre de Gabriela, Francisca y Rosa; aún viven llenas de salud sus dos últimas hijas.

Juan el Monjo se dedicaba a la compra de pieles, de cuatro arrobas de lana y del esquileo del ovino. Su mujer empleaba el día cardando e hilando al torno ovillos de lana, que, después vendía a los tejedores de costales y mantas muleras.

Cándida la Ralina se casó, en primeras nupcias, con Pedro el Chato Pedro también vivía de la lana. Tenía la panera enfrente del tío Quintos, y su casa era la de Clara. Quebró su negocio y se vio en trance de marcharse a las Américas, donde falleció. Dejó dos hijos, María y Petra.

Cándida tuvo que trabajar de lo lindo: sirvió en casa de don Ángel, el cura. Cándida contrajo matrimonio, de nuevo, con Joaquín, viudo y padre de tres hijos: Rafael (murió en la guerra), Rufo y Quintín; de la pareja, nació Joaquín. Viuda, para sobrevivir, se empleó en la lana. Sacó adelante a Joaquín y a Quintín, que, mozalbete, trabajó de camarero en casa de la Conce; harta de tanto trabajo y sacrificio, emigró a Venezuela, donde residía su hija María. La casa de Cándida tenía un pozo en el portal, cubierto con una tapadera de madera. Un día negro, se movió la tapadera y cayó en él una niña, Gabriela, de cinco años. Llevaba una pandereta en la mano y, cuando la sacaron, seguía amarrada por los dedos.

Jerónimo Maruso, lanero de profesión, quien trabajó la basta para colchones junto con sus hijos. Tenían la panera en la plaza de la Leña, lindera con el Encañao. Jerónimo vivía en una casa baja y de adobe, y en 1921, levantó la casa actual de ladrillos. Trabajaron en ella, como albañil, Braulio, el abuelo de Juan Antonio y Laureano. Cierran el rincón, lateralmente, las viviendas de Francisco Ñurris y de Jesús el Pacho por un lado; y, por el otro, las casas del tío Belloto y Ramón, el de Virgilio.

Recuerdan las vecinas los grandes ratos de tertulia de la tarde, cuando, después de fregar, se reunían a coser debajo del soportal, y, ya de tarde, se bajaban a compartir la palabra a la puerta de la tía Bellota; las noches de invierno, a la luz del candil, preparaban baile al son del almirez, la badila y la llave, y a jugar a las tenacillas. Yo nunca supe de este juego: amarraban los muslos con las dos manos, en posición de sentado, y se desplazaban dando saltos a ver quien pisaba la raya el primero.

Enfrente del rincón y pasando el regato, se hallaba la casa y el huerto del tío Pitillo. La casa de Gonzalo, así se llamaba este hombre pequeño, delgadito, poca cosa, (de ahí el mote de Pitillo), estaba ubicada por bajo de la casa de los Trinques, y el huerto comprendía las casas de los Bedijas, del Mudo y Serafín, que, posteriormente, adquirieron éstos para construir sus viviendas. Doña Catalina Sendino, madre del tío Pitillo, fue maestra de niñas en Macotera. Era de San Felices de los Gallegos. Vino de soltera y se casó aquí con Juan Manuel Sánchez Campos, que fue juez de paz, cargo que desempeñó posteriormente su hijo Gonzalo (Pitillo), en sustitución de Antonio Madrid Jiménez (año 1927). Fue su madrina de bautismo doña Teresa Arroyo Rodríguez, maestra de Santiago de la Puebla y natural de Hoyos (Cáceres). Fueron hermanos de Gonzalo: Fe Elicia, José Rafael, Antonino, Ramón Pío, Esperanza Fernando y Esperanza Segunda.

No hay que confundir cilla con pósito. Son dos cosas completamente distintas. En Macotera, existió tanto la cilla como el pósito. En la cilla se recogían todos los frutos pertenecientes a los diezmos y primicias, y el pósito era un granero (panera) especialmente de trigo, con objeto de abastacer de pan al público en las épocas de carestía y de prestar granos a los labradores tanto para la siembra como para el consumo en los meses de mayor escasez, librándoles así de caer en las garras de la usura. La cilla tenía su sede en la plaza Mayor, en una casa panera contigua al Ayuntamiento; y el pósito, según el catastro del Marqués de la Ensenada: “Unas paneras situadas en la calle de la Plata, que tienen de frente diez varas y de fondo nueve, que lindan al levante y norte con casas de herederos de Francisco Sánchez; poniente con lagar de Manuel Zelador y mediodía con otra calle de la Plata. En ellas, se guarda el capital de mill settezienttas y ochentta y ttres fanegas de ttrigo, dos zelemines y medio; las que sólo sirben para repartir enttre los vezinos labradores de él para subvenir a sus urgenciasy consistencia de sus labranzas, pagando por cada fanega de las que así se presttan un zelemín de ttrigo por razón de crezes pupilares, de las que se venden los compettentes para satisfazer sus encargos y el sobrantte se refunde en más aumentto de dicho pósitto”. Tan pronto como el Consistorio se apropió del hospital y de la cilla aledaña en 1780, este local lo compartieron cilla y pósito hasta 1837, año en que se suprimió el cobro del diezmo. En 1800, el Ayuntamiento declara la cilla sede oficial del pósito, según recoge la inscripción grabada en el dintel de la puerta de entrada:

El origen de los pósitos arranca de finales del siglo XV y principios del siglo XVI. No fue una iniciativa oficial, emergió del propio pueblo de manera espontánea, siguiendo el ejemplo de los “montes faraónicos italianos”, promovidos por las prédicas y acción directa de un movimiento franciscano, que los hizo realidad en Italia. Se propagaron con tal rapidez y pujanza, que, a finales del XVI, sumaban cerca doce mil en toda España. El pósito español más antiguo fue una creación de don Fernando Bernal Verde quien, en 1478, donó a la “Camara de Misericordia y Monte de Piedad de Molina de Aragón 100.000 maravedís; Cisneros fundó los de Toledo y Alcalá de Henares con una dotación de veinte y diez mil fanegas de trigo, respectivamente. (Ángel Rodríguez Sánchez, Manual de Historia de España,3 siglos XVI y XVII. Historia 16)

El propio rey Felipe II, en 1555, reconoció la importancia de los pósitos como la medida más eficaz y decisiva en mitigar el hambre y la necesidad en que se encontraba sumido el pueblo. El 15 de mayo de l584, se implantó la primera normativa oficial de estos establecimientos, disponiendo que el dinero de los pósitos se guardase en un arca de tres llaves y el trigo en una panera de dos; y que su administración se llevase por separado de los bienes de propios (cuentas del Ayuntamiento). Una junta directiva, integrada por el alcalde, un regidor y el mayordomo, era la responsable del control y repartimiento del trigo y dinero entre los caminantes y los vecinos más pobres. Los pósitos, en un principio, eran entidades benéficas. Cuando había muchas existencias de grano por buena cosecha, la Junta tenía poderes para prestar determinadas cantidades a los labradores con el compromiso de devolución, una vez obtenida la cosecha en agosto; en el caso de que así no se hiciese,“los deudores podían ser presos”, y se les privaba de la posibilidad de obtener otros nuevos. Si el depositario no era diligente y no exigía, dentro de los plazos establecidos, su devolución, se le consideraba responsable de su negligencia y tenía que reponer la cantidad prestada y no recuperada. La junta tenía que rendir cuentas anualmente, así como, tomar las medidas encaminadas a evitar abusos. Sin excluir su carácter benéfico inicial, con el tiempo, pasan a convertirse en centros de crédito agrícola. En el 1735, el rey Felipe V dicta una Real Provisión, por la que regula los repartimientos del pósito. Se realizaba uno a finales de septiembre, para que los labradores necesitados dispusiesen de simiente para la sementera; otro se hacía desde abril hasta la recolección de la cosecha en agosto. Estos préstamos tenían que devolverlos una vez recogida la cosecha con el pequeño aumento de un celemín o dos cuartillos de renta por fanega, que se denominaba “creces pupilares”, porque su pago se consideraba tan sagrado y preferente como el que debía darse por un pupilo. “En muchos lugares salmantinos, existieron también pósitos municipales que almacenaron trigo para ayudar a los pobres y a labriegos. Durante el siglo XVII, funcionaron los de Almenara, Doñinos, La Mata, Castellanos de Villiquera, Calzada de Valdunciel, Topas, Pedrosa de la Armuña, Villaverde, La Vellés, Carbajosa de la Armuña, Cantalpìno, Palacios del Arzobispo y Macotera, aunque este último prestaba cada fanega con cierto interés”.

(H. de Salamanca, Tomo III.“La sociedad salmantina en la E. Moderna” de Clara Isabel López, pag. 277)

Llegado el tiempo próximo a la sementera, se publicaba un bando para que los vecinos que necesitasen semillas para la siembra presentasen la solicitud de las huebras de tierra que hubiesen decidido sembrar, expresando su situación económica, la cantidad de semilla que tuvieren, así como las fanegas que precisasen. Transcurrido el plazo señalado y tres días más, se pasaban las solicitudes a dos labradores o personas de intiligencia y honradez, para que, informadas de la verdad de cada caso, formasen el repartimiento de lo que podía darse a cada labrador. A este reparto se destinaba la tercera parte del grano existente en el pósito, pudiendo ampliarse este límite, en caso de necesidad, por acuerdo de la junta. Del grano restante, se hacían, de modo análogo, repartos a los labradores más necesitados en los meses de mayor escasez (abril, mayo y agosto); también se les podía socorrer con algún dinero del existente en el arca, que podía devolver en metálico o en grano al precio corriente en la cosecha próxima. Los granos, que se devolviesen y sus creces, debían ser llevados, directamente, al pósito desde la era, sin encerrarlos en sus casas. Si no se pagaba a su tiempo, se trababa ejecución sobre los bienes de los deudores o sus fiadores.

Situaciones con los pósitos

En muchas ocasiones, los labradores no pudieron responder a los compromisos contraídos con los pósitos por la escasez de cosecha y otros infortunios. “Estamos experimentando considerables quiebras, pérdida de caudales, daños y perjuicios por los préstamos, que no podemos atender por la escasez y cortas cosechas, que se han producido en nuestros campos en los años anteriores y en el presente, así como la pérdida de ganados de todas clases, motivado por la continuada injuria de los tiempos y demás accidentes sobrevenidos por la falta de aguas, pocos pastos y otros infortunios, que semejantes no se han conocido. (AHPSA. Signatura 421, folio 118. Año 1753)

“Los labradores, pagadas sus rentas, diezmos y primicias, no les quedan grano para devolver lo que deben al pósito, y muchos han tenido que deshacerse de las alhajas preciosas y de los aperos de labor, ropas de vestir y que tienen para dormir. A los pobres jornaleros no les alcanza su soldada”. (AHPSA. Signatura 427, folio 340. Año1760) “A causa de las malas cosechas, mortandad de animales y otros contratiempos, los dispendios y gastos que ha amotinado la próxima pasada guerra contra los reinos de Inglaterra y Portugal, perdonen, desde este agosto en adelante, el celemín de gavela por fanega, que se está pagando, carga que está padeciendo con motivo de las guerras que afligen aún más, que la de la contribución de todos los derechos reales”. “Debido a la esterilidad de la cosecha por la abundancia de aguas y lo que es más por la tempestad de piedra, que su Majestad, por nuestros pecados, nos envió, de forma que, enteramente, se derrotaron mis sembrados y no se he cogido aun para pagar algunas tierras arrendadas y lo mismo sucedió a los demás vecinos por haberse apedreado todo el término; por lo cual y para pagar dichas rentas y mantener en parte a mi familia y ganados, he tenido, por conveniente, el tomar a ley de censo redimible hasta la cantidad de 2.000 reales de vellón, que he de constituir sobre varias hipotecas, al 2,5 por ciento, según orden del Ilmo. Sr. Marqués de Campo y Villar, Subintendente General de Pósitos del Reino” ( AHPSA. Sección Notarial. Signatura 430, página 146).

“La mayor parte de los labradores acude al préstamo del pósito para salir de sus aprietos. La mayoría, por las razones expuestas, se ve forzada a vender sus fincas para saldar sus créditos e intereses. Su pobreza es tan extrema, que muchos vecinos están decididos a ahuyentarse del pueblo. Ante esta situación tan angustiosa, acuden al rey y le solicitan que perdone a estos leales vasallos los tributos que, al presente, le están debiendo y, si no puede ser, a lo menos, se les conceda un tiempo de moratoria, para que, superados estos apuros, puedan contribuir todos a la mejor fortuna. En el año 1762, el alcalde mayor y los sexmeros del partido de Alba solicitan al Superintendente General de Pósitos del Reino, que, de agosto en adelante, se perdone al pósito general de Alba y a los municipales (entre los que se incluía el de Macotera) El Superintendente, para poder atender, debidamente, la súplica de los vecinos de Alba y su tierra, ordena presenten certificaciones juradas del cura párroco del lugar, por las que se haga constar el número de personas de ambos sexos, con inclusión de párvulos, que, al presente componen el pueblo, legalizadas por el fiel de hechos. A éstas deberán acompañar las cuentas del pósito”. El escrito se presentó el 4 de octubre de 1763; al que se le adjuntó el informe de un hecho, que agravó aún más la precaria situación que soportaba el pueblo. El hecho fue como sigue: “El día 19 de septiembre, a tres leguas de Alfayates, población del reino de Portugal, una porción de sus naturales asaltó a los carros, que venían de conducir víveres a nuestro ejército, que se hallaba en Peña Negra, y dejaron inservible cuarenta, de los que dicha villa (Alba) y su tierra tenían puestos por orden superior a estos trabajos, matando a uno de los carreteros, que no pudo hacer fuga como los demás, robando los bueyes y mulas, de cuyas desgracias se ha seguido la pérdida de algunos labradores, dueños de los carruajes”. (AHPSA. Sección Notarial. Signatura 430, página 146 a 161)

Carlos IV reguló los pósitos como instituciones de crédito agrícola en 1792. Según esta reglamentación, el gobierno y administración de los pósitos corría a cargo de una junta formada por el alcalde, un regidor y el depositario o mayordomo. El regidor o concejal y el depositario debían ser elegidos en diciembre para comenzar su misión en enero. Se reitera lo del arca de tres llaves para el dinero y se exigen también tres llaves para la panera de granos. Las llaves debían estar en poder del alcalde, del concejal y del depositario. En 1792, figuran en España 5.249 pósitos municipales y 2.883 piadosos o particulares, lo que dan un total 8.132, con unas existencias de 9.425.692 fanegas de trigo y 577.795 de cebada, un total de 10.003.487 fanegas de cereal, valuadas en 400 millones de reales y 55 millones en metálico. Los pósitos desarrollaron una labor social y económica ingente en el medio rural. Gracias a este Instituto, los pueblos pudieron sobrevivir y mantener sus escasos patrimonios en momentos en que las calamidades atmosféricas se ensañaron sobre sembrados y pastos. Sufrieron serios reveses a finales del XVIII y en la primera midad del XIX por parte de los monarcas Carlos III y Carlos IV, pero salieron airosos gracias a su arraigo popular. En los umbrales del siglo XX, los pósitos, sin perder su condición benéfica, podían extender sus operaciones a présamos en metálico con moderado interés, funcionar como cajas de ahorros y de préstamo, facilitar dinero para la adquisición de aperos, máquinas, plantas, abonos y cualquier otro elemento útil a la industria agrícola y pecuaria; así como les autorizaba a admitir depósitos de granos, anticipando el 50% de su valor, al interés fijado para los préstamos en metálico. De este modo, se tendía a convertir a los pósitos en cajas rurales. Los intereses de los préstamos en grano de los Pósitos, no podían exceder de dos kilos por cada cien y, si el grano fuere escogido para simiente, la devolución y las creces serán en grano de igual calidad. El interés de los préstamos en metálico era del 4% como máximo. En caso de insolvencia del mutuario y del fiador, serán responsables los vocales de la comisión o administradores que hayan acordado el préstamo o aceptado la fianza, desapareciendo la responsabilidad personal e individual de todos los individuos del Ayuntamiento, que se establecía en las leyes anteriores. El préstamo prescribía a los quince años. Se invertían sus beneficios en actividades de interés público: provisión de maestros y médicos, obras públicas y préstamos para el pago de contribuciones. Los pósitos dependían del Consejo de Castilla; en 1751, de la Secretaría de Justicia; en 1792, vuelven a ser de incumbencia del Consejo de Castilla; en 1824, de la Secretaría de Hacienda; en 1877, su nueva reorganización pasó a la administración de los Gobiernos Civiles; en 1906, al Ministerio de Fomento, como bancos agrícolas; en 1931, al de Agricultura, Industria y Comercio; y, en 1938, se encarga de su control el Ministerio de Agricultura, “Servicio Nacional de Crédito Agrícola”. En su última etapa, el pósito se limitó a seguir haciendo pequeños préstamos hasta su extinción el 31 de diciembre de 1982. Los pósitos reintegraron sus fondos a la Hacienda Pública, entre ellos el de Macotera. Las Diputaciones son los organismos encargados de exigir la devolución de los préstamos aún pendientes de reintegro, tarea nada cómoda, pues se da el caso de que muchas fincas, presentadas como aval, habían sido enajenadas. (Enciclopedia Universal Ilustrada. Tomo 46, páginas 844- 850).

Aquellos que pagaron la perra gorda, ahora cobran su pensión; los que por ignorancia o porque los amos se llamaron andana, se han quedado a dos velas. El día 23 de junio de 1924, se celebró una reunión en Macotera para explicar al pueblo qué era eso del “seguro obrero” y de las ventajas que tenía para los trabajadores y empresarios. Fue el primer pueblo de la provincia en el que se explicó la nueva ley, pues la condición industrial de sus gentes podía ser la fuente difusora de la nueva norma por toda la provincia.

La crónica está tomada de “El Adelanto”. “La Caja Colaboradora de Salamanca está realizando una excelente obra: la de propagación y difución de los beneficiosa de la ley del retiro obrero. El pasado domingo, los señores Villalobos, Íscar, Rodríguez y Santa Cecilia, acompañados de dos periodistas locales, el Sr. Bravo de “La Gaceta Regional” y el que escribe estas líneas de “El Adelanto”; continuando la labor emprendida, realizaron dos actos de positivo interés y eficacia; el primero celebrado en Macotera. Fue verdaderamente hermoso. Todos los trabadores y patronos del pueblos acudieron al mitin. Presidió el alcalde, don Cristóbal Hernández Bueno, Bolele, con los concejales y los oradores. El señor Hernández Bueno abrió la sesión, haciendo la presentación de los oradores y explicando el motivo del mitin. Seguidamente, le fue concedida la palabra al presidente de la Caja Colaboradora, don Fernando Íscar. Comienza diciendo que la presentación de la Caja Colaboradora salmantina, en su cruzada de la difusión de la ley del retiro obrero obligatorio, ha elegido Macotera como primer pueblo para la propaganda del retiro en la región agraria de la provincia, no a cierra ojos, sino teniendo muy en cuenta, no sólo la importancia industrial y comercial, sino el espíritu de sus vecinos, que, irradiando sus negocios por todas partes, pueden ser en sus constantes y dilatados viajes los más eficaces propagadores de las excelencias del primer retiro obrero. Señala con pesar el hecho de que, aunque la ley lleva ya en vigor tres años, sólo hayan acudido unos pocos patronos dispuestos a cumplirla. Afirmando que no se puede alegar ignorancia de la ley, ya que tan eficientemente ha sido propagada por la prensa y por el Instituto Nacional de Previsión. No es toda la culpa de los obreros, sino también de los hombres de la ciudad, que a trueque de no ver perturbada su vida de comodidad o placer, o de siempre insaciables ambiciones, nada hicieron por su difusión. Explica como ahora, después de su visita feliz a Salamanca del señor Gómez de Baquero, unos cuantos hombres de buena voluntad, entre los que él se encuentra, se han echado sobre sí la dura carga de la labor, en la que ponen lo mejor de sus aptitudes. No tiene todavía el obrero que cotizar, y éste ha sido el mejor acierto, dado el estado en que el trabajador español se encuentra. Pero si la ley no le obliga a cotizar, moralmente, el obrero ha contraído ese deber para su propio beneficio, para la mejora de su pensión, con aportaciones insignificantes que pueden colocarle en situación ventajosísima. La cuota del patrono es obligatoia; y lo es no sólo para cotizar sobre aquellos obreros que pudiéramos calificar de permanentes, sino para aquellos otros eventuales. Y esto es de un interés extraordinario para los pueblos agrarios como Macotera. La describe la vejez dolorosa del obrero hasta hoy, que no dispuso de la ley del retiro, y que tuvo que recurrir al asilo o a la mendicidad. Con esto es con lo que el Estado quiere acabar, proporcionando al trabajador el retiro, la pensión, hoy todavía modesta, a que por su vida de trabajo se hizo acreedor. Con esta miseria acabará el Estado, si los patronos y los obreros se encargan de difundir la ley y de hacerla cumplir. Termina diciendo que la Caja Colaboradora de Salamanca está abierta para todos, al objeto de evacuar dudas y consultas; y haciéndose eco de la gran obra que el I.N.P realiza, gracias a la iniciativa del Sr, Villalobos, para construir escuelas; pide, además, al maestro del pueblo que, si, en su colegio, no ha sido implantada la mutualidad escolar, se establezca, para lo cual la Caja Colaboradora de Salamanca habrá de su ayudarle con una subvención. El señor Santa Cecilia se refiere a la situación en que queda un trabajador en su vejez, cuando, agotadas sus energías, sea inútil para toda labor, y no pueda trabajar. ¿Qué hará entonces?¿Recurrir a un asilo?¿Implorar la caridad pública para vivir de la limosna? El obrero, hoy por hoy, cuando puede trabajar, no pide más que trabajo. Pero, ¿y después?¿Y cuando no pueda realizar una labor? Esta situación angustiosa, en que el trabajador queda la ha venido a resolver la ley del retito obrero obligatorio; la ha resuelto el I.N.P., diciendo: “Todo el obrero que trabaje tiene derecho a gozar de una vida tranquila en su vejez, ¿cómo? Sencillamente, con la obligación ineludible de que el patrono contribuya con diez céntimos diarios por obrero, aportando a esta suma el Estado una peseta mensual. Esa pensión que resulta de la acumulación de cuotas, la comenzarán a cobrar los obreros a los 65 años. Se ocupa el orador de otros aspectos que ofrece el retiro agrario, tales como el seguro de herencia, de maternidad…, y termina después de otras consideraciones, diciendo que los patronos, por su propia tranquilida, y porque la ley se lo exige, tienen la obligación de cumplir lo ordenado, y los obreros el deber de hacer cumplir la ley. Un espectador pregunta a Juan Francisco Rodríguez cuál es la categoría que uno debe tener para considerarle patrono y para considerarle también obrero. El señor Rodríguez, catedrático de la Normal de Maestros, comienza contestando a esta pregunta, en el sentido de que es patrono todo aquel que tenga obreros a su servicio; y que son obreros, con derecho al retiro, todos aquellos que prestan servicio no sólo con carácter permanenete, sino también los eventuales. El retiro obrero es para todo asalariado. La caridad pública y oficial no bastan para resolver el problema de la vejez; veinte siglos de caridad son ya bastantes para observar su fracaso. El Estado, dándose cuenta de ello, quiere sustituirla por la pensión al obrero, a todo aquel que dedicó su vida al trabajo y llega a la vejez sin medios de vida La asistencia social no es sólo precisa ante casos de vejez, sino también para los de invalidez y maternidad. El Trabajo es ya.considerado como fuente de riqueza. La riqueza no viene a ser más que trabajo acumulado. Importa mucho a los patronos no obstaculizar la ley del retiro por interés de todos, por justicia social y hasta por egoísmo bien entendido. Las transformaciones de los pueblos se hacen de dos modos: evolutiva pacíficamente o violentamente con perturbaciones peligrosas. Conviene a todos la paz social. El señor Villalobos muestra sus deseos de que el auditorio que le escucha, no vea en los que hoy difunden los beneficios del retiro obrero, a los que han estado en la política. Son actos, en que unos hombres de buena voluntad van derramando su espíritu en generoso anhelo del bien ajeno. Califica de redentora esta obra del retiro obrero, que viene a dignificar a los trabajadores, librándoles de la miseria y concediándoles un derecho, y velando por su cumplimiento. Los primeros interesados en que la ley de retiro obligatorio se cumpla deben ser los patronos, Esta ley es una ley francamente conservadora; es ley que abre al movimiento obrero los cauces de que os han hablado y la prueba de ello es que sólo los extremistas, los comunistas y los anarquistas son los únicos detractores del retiro obrero obligatorio. Por esta ley los patronos tienen la obligación de cotizar las cuotas de todos los asalariados, comprendidos entre los 16 y 65 años de edad. De 16 a los 45 años, las cuotas son para constituir una pensión, que comenzará disfrutar a los 65 años; de los 45 a los 65, las cuotas constituirán lo que se llama el capital herencia, no sólo para ser entregado al interesado en el día que cumpla la edad, sino para entregarse, inmediatamente, a sus herederos en caso de fallecimiento del asegurado. Un aspecto interesantede de esta ley es el de que el patrono ha de ingresar, directamente, en la Caja Colaboradora las cuotas de sus obreros. No es al obrero a quien tiene que entregar los diez céntimos diarios, porque la ley, que todo lo previene, prevee el caso – que pudiera ocurrir – de que el patrono, de acuerdo con el obrero, hiciera un convenio, dando al obrero la mitad de la cuota, que no ingresaría, con lo cual el patrono se beneficiaba y se perjudicaba al obrero, quedando burlada la ley. El obrero ha de procurar que el patrono aporte mensualmente, con toda puntualidad, sus cuotas; pues se puede dar el caso de que, ingresando las cuotas de doce meses, de una sola vez, el Estado sólo le beneficie dos cuotas, con lo cual retrasa el mejoramiento de sus derechos y de su pensión. Otro aspecto importante es aquel tipo de asegurado que no se puede definir ni como patrono ni como obrero, es decir, que son pequeños propietarios que trabajan para sí. Pueden inscribirse como obreros, cotizando como patronos. Seguidamente, uno de los oyentes, don Juan Gutiérrez Garrote, solicitó algunas aclaraciones a varias dudas que se le ofrecían después de haber oído los discursos, a los que los señores Villalobos y Santa Cecilia contestaron. Terminó el mitin. El señor alcalde dio las gracias a los oradores por la deferencia de venir a Macotera con temas de gran interés para los vecinos. El joven y culto médico, don Agustín García Talavera, recibió y acompañó a los expedicionarios, haciéndoles objeto de grandes atenciones.

Diego de Siloé —también citado por los historiadores como Diego de Siloe— (Burgos, c. 1495; †1563), arquitecto y escultor, uno de los primeros artistas del renacimiento en España.

Con toda probabilidad fue hijo del escultor español del gótico, Gil de Siloé, y pasó la primera parte de su carrera artística (1519-1528) en su lugar de nacimiento, Burgos, donde trabajó principalmente como escultor.

La obra artística de Siloé combinó el estilo renacentista italiano (que había estudiado en una visita a Nápoles hacia 1517), con el influjo del estilo gótico español y del arte árabe. La escalera Dorada de la catedral de Burgos es su obra más importante de este periodo (1519). Su proporcionada, rotunda y airosa estructura con esculturas de querubines, escudos de armas y ornamentación vegetal, ocupa en su totalidad uno de los muros de la catedral. Con esta obra, Siloé salvó el desnivel de la puerta de la Coronería de la catedral, situada en el brazo norte del crucero de la misma, e incorporó además elementos arquitectónicos de raigambre clasicista, al modo del arquitecto italiano Donato Bramante, diseñando una escalera monumental que se bifurca en dos tramos paralelos al muro del fondo.

En Salamanca edificó el Colegio Mayor de Santiago por encargo del Arzobispo de Santiago de Compostela, Alonso de Fonseca.